FOTO: EMPLEADAS COMUNALES ORANDO EN EL CORRALÓN.Mucho se ha dicho desde hace unos meses sobre lo poco que hacen las empleadas comunales. Pero lo que nadie reconoce es que a las pobrecitas, entre tanta alabanza a la Señora...y al Señor, no les queda tiempo para el trabajo. Yo te cuento: llegan a las 05.30 de la mañana (si, aunque vos hayas pensado que llegaban a trabajar más tarde), y se arrodillan todas sobre granitos de maíz que dejó Martheen en el corralón. Allí, hasta las 6.15, elevan las oraciones al Señor, comandadas por la Pastora Chiquitte; quien conoce al dedillo que oración hay que elevar según lo que se quiera lograr. A la derecha de Pastora Chiquitte se ubica Petit Pastora Olfa 1; que no tiene la más pálida idea de como es ese tema de la religión...pero con tal de quedar bien con "la ama", cualquier cosa está bien. A la izquierda, se apoltrona Olfa Dos, que va del microemprendimiento a la bicicleta sin escalas. Detrás, clavada en la cruz, se la ve a Petit Lorraine. En realidad, no está clavada, porque si tuviera las manos ocupadas no le podría hacer señas obscenas a aquellos que ella no quiere, sino que la suben entre ocho empleados comunales todas las mañanas y la dejan ahí un rato, como forma de realizar un "drenaje linfático" y de paso, colabora con el cuadro religioso.
Así, ante ese cuadro de todas arrodilladas, con los brazos hacia adelante, y la gorda colgada en el fondo, las chicas de la Comuna cantan "Mirta es mi pastora, nada me faltará". Aproximadamente a las 7, vuelven todas al edificio comunal y se sientan alrededor del escritorio de Reina Madre a tomar la leche, la que es acompañada con facturas y bizcochitos de grasa que les envía Sesnich desde Villa Cañás. A esta hora, la gente ya se empezó a amontonar en los despachos de la Comuna, pero ellas tendrán que tomar "la lechona" tranquilas. Menos mal que es ahí donde aparecen Susi y Mirta, quienes no tienen la más pálida idea para que tienen que ir todas las mañanas a ese lugar, pero igual van y hacen lo que saben hacer: repartir besos a todo el mundo, y asombrarse de lo hermoso que está el césped en la vereda frente a la Comuna.
Alrededor de las nueve, y cuando ya llenaron sus pancitas, el ejército de servidoras comunales se disponen a comenzar a trabajar, pero antes deben orar nuevamente para agradecer a la Pastora Chiquitte por todo lo que les da día a día...hay que reconocer que si ella quisiera, enseguida las remueve y se les queda con el puesto...y el sueldito.
Así, entre oración y agradecimiento a Pastora Chiquitte, el olferío llega a las 10.30 de la mañana, hora en que la pancita ya les chilla de nuevo, entonces hay que reunirse en el despacho de Reina Madre nuevamente a tomar unos matecitos con las medialunas viejas que quedaron de la época de Permingeat. Y así estarán, descansando y comiendo, hasta las 11.30, horario santo en el que se comienza a atender sí o sí al público: Susi y Mirta ya se están retobando porque están cansadas de besar pobres y que ninguna empleada trabaje. Entonces, todas se acomodan el uniforme y comienzan a desfilar para que la gente las vea trabajar: una va a la casa de regalos de la otra cuadra a comprar una pava para el camión del marido, la otra sale en la bicicleta a comprar perfumes, la otra va a la Iglesia, la de siempre que ya sepultó por décimo octava vez a la madre y alguna perdida sale...por las dudas que la Comuna se caiga y ella quede adentro. A las 11.55, todas las golondrinas retornan al nido: es hora de bajar las persianas de la Sagrada Comuna y Templo Público. Mañana será otro día. Por hoy, fue demasiado.
Nos vamos todas casa, con la satisfacción del deber cumplido. Oremos al Señor...